Hace más de una década en la que las estadísticas de población inciden en un descenso alarmante de las tasas de natalidad, frente a un ascenso imparable hace años, de la población de mascotas en los hogares de pises desarrollados (lo de desarrollados es un decir socioeconómico).
A los humanos de mentalidad humanística, con años encima y educados en la responsabilidad y el servicio, cuanto menos, nos llama la atención el proceso social tendente a la humanización de animales. No hay mas que ver páginas de Internet, y medios de comunicación (sobre todo televisiones), donde se publicitan alimentos para animales con salsas especiales, con materias primas que ya las tuvieran para sí poblaciones en desarrollo, sin aditivos y totalmente naturales. Coincidiendo con esta publicidad, las distintas encuestas de alimentación de humanos nos dicen del fuerte incremento del consumo de alimentos ultraprocesados, con materias primas aptas para el consumo humano, pero de segunda o tercera categoría, frente a los alimentos para gatos con salmón fresco y de primerísima calidad.
Es también notorio y evidente, el empleo de útiles y complementos especiales para animales, que cuanto menos, sorprenden a muchos humanos por el tratamiento humanizante de estos, me refiero a la ropa especial (bufandas, corpiños, calcetines, etc.), y a los medios de transporte. En la calle puedes ver a animales transportados por sus dueños (si es correcta la expresión) en cochecitos de bebé que ya los quisieran algunas familias no afortunadas, y con niños pequeños.
Esta humanización de los animales, a los que tenemos formación en materia animal y de biología, cuanto menos, nos produce una reflexión personal que nos hace dudar de los pilares de la biología, la genética y la etología.
Creo, fehacientemente, que existe en el mundo y en la naturaleza una diferencia significativa entre los humanos y los animales así por lo menos ha sido durante los millones de años de existencia del Planeta Tierra.
Esta humanización de los animales, que sustituyen hijos en parejas jóvenes, que son titulares de herencias familiares (salvo la legítima para los descendientes), y otras situaciones similares nos hacen llegar a una pregunta: ¿Qué carencias afectivo-sociales han dado lugar a esta situación?
Mas recientemente, y de moda actual, nos encontramos con episodios de animalización de humanos, el fenómeno therian está desarrollándose a nivel global. Recientemente una entrevista en una cadena de radio a un therian, me dejó tan estupefacto que llegué a cuestionarme el desarrollo vital de los humanos desde el nacimiento, desarrollo, vida activa y muerte. Pues bien, el therian entrevistado se sentía gato, pero según el entorno donde se encontraba y las condiciones ambientales, también podía sentirse perro, pingüino o foca. Yo no soy psicólogo, ni psiquiatra, soy veterinario, y esas manifestaciones me pueden indicar la existencia de un problema de aceptación de la vida humana y sus condicionantes. Menos mal que al final de la entrevista confesó que también se sentía humano. Por cierto, a los therian, ¿los van a tratar médicos o veterinarios?
¿Qué hemos hecho mal esta sociedad del desarrollo para que haya corrientes que cuestionan la biología, la genética, y la vida humana?
Muchos tenemos confianza en que sea una moda pasajera, pero, ¿y si ha venido para quedarse?