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In Memoriam de D. José Fuertes Fernández

Hoy escribo estas líneas con una profunda tristeza, pero también con un inmenso orgullo por haber compartido camino profesional y personal con D. José Fuertes Fernández, Pepe Fuertes para todo aquel que lo trataba. Uno de los grandes referentes del sector porcino y de la industria alimentaria en España y, muy especialmente, en nuestra querida Región de Murcia.

Su figura trasciende los límites de las empresas que creó. Pepe Fuertes ha sido protagonista indiscutible y necesario del desarrollo y modernización del sector cárnico español en las últimas décadas. Supo entender antes que muchos que el futuro del porcino pasaba por la profesionalización, la integración vertical, la apuesta decidida por la sanidad, la calidad del producto, y el respeto escrupuloso a los procesos. En nuestra tierra, fue impulsor del crecimiento económico, generador de empleo y ejemplo de cómo el trabajo bien hecho puede transformar una comarca entera.

Su trayectoria es la cronología del esfuerzo, la ilusión y la constancia llevada al máximo nivel. Fue un trabajador incansable con una energía inagotable hasta el último momento.

La historia de la familia Fuertes comienza en un pequeño comercio de Alhama de Murcia, levantado por sus padres con sacrificio y jornadas interminables, y que, a base de constancia, visión estratégica y sentido común, los hermanos Fuertes fueron transformando en el gran grupo agroalimentario que es hoy en día, convirtiéndolo en referencia nacional e internacional.

Pepe Fuertes nunca olvidó sus orígenes. Esa ilusión por crear y crecer, unido a la memoria del esfuerzo, fue la que le impulsó a buscar siempre el máximo aprovechamiento de los recursos, la eficiencia en cada proceso y la excelencia como norma, no como excepción. Tenía la extraordinaria capacidad de combinar ambición empresarial con prudencia y coherencia. Invertir con sentido. Innovar, pero sin perder nunca la esencia de la compañía.

La comunidad veterinaria le debemos un reconocimiento especial. Siempre defendió nuestro papel como garantes de la sanidad animal, la seguridad alimentaria y la calidad del producto. Apostó por equipos técnicos sólidos, por la formación continua y por la independencia profesional. Su apoyo y confianza en el papel de la profesión veterinaria para el desarrollo sectorial fue constante, incluso en momentos complejos para el sector. Colocó al veterinario en el lugar que le correspondía en las empresas, dotándole de jerarquía, autonomía y responsabilidad, al tiempo que compartía amistad y retos con aquellos ilustres colegas que podemos considerar “padres” del sector porcino y agroalimentario actual.

Ejemplo de esta convicción en el papel crucial del veterinario en la sociedad, ha sido su apoyo incondicional a la Academia de Ciencias Veterinarias de la Región de Murcia, y su interés por la creación y mantenimiento del Premio Grupo Fuertes, que orgullosamente ha entregado personalmente durante muchos años.

Desde el punto de vista humano, Pepe Fuertes fue una persona querida y respetada a todos los niveles: por los trabajadores, que encontraban en él cercanía y humanidad; por sus vecinos de Alhama de Murcia, que agradecían la inestimable labor social que suponía tener un motor económico que daba sustento a cientos de familias; por las asociaciones sectoriales, que reconocían su liderazgo y su visión; y por las administraciones públicas, que valoraban su compromiso e iniciativa en el desarrollo económico regional y nacional.

En lo personal, para mí fue mucho más que un empresario al que rendir cuentas. Fue un maestro del conocimiento basado en la experiencia, un líder nato que enseñaba de un modo casi paternal a todo el mundo. Me enseñó que la excelencia no se impone, se practica cada día; que la autoridad se demuestra con coherencia; que la confianza es el mayor activo de un equipo y que hay que trabajar para lograr “el quinto cuarto”, frase que debería de quedar acuñada en los libros de excelencia empresarial.

Siempre encontré en él un trato cercano, una palabra franca y una puerta abierta. Jamás dejó de respetar mi profesionalidad y el cargo que desempeñaba, su respeto y confianza en mi criterio técnico y profesional marcó profundamente mi manera de entender la dirección y la responsabilidad.

Esta carta no es solo un homenaje a su trayectoria y a una forma de trabajar que ha transformado un sector y ha generado riqueza en una Región, es también un compromiso: el de seguir defendiendo los valores que él encarnó —esfuerzo, excelencia, sentido común, respeto y cercanía— para que su obra continúe creciendo con la misma solidez con la que él la construyó.

Recordaremos siempre a un gran empresario, a un referente del sector porcino español y, por encima de todo, a un hombre profundamente humano, una gran persona que siempre tenía una sonrisa para todo el mundo.

Su ejemplo permanece con su legado. En cada proceso optimizado, en cada mejora implantada, en cada decisión tomada con rigor y honestidad, seguirá estando su huella.

Seguimos trabajando en lograr “el quinto cuarto” día a día.

Gracias por todo lo que nos diste. Descanse en paz.

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