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¿SOBERANÍA ALIMENTARIA?

Según la ONU, el número de personas afectadas por el hambre ha ido aumentando desde 2014. En 2022 en torno a 783 millones de personas no sabían dónde conseguir su comida.

En el mundo, un 13% de los alimentos producidos se pierden entre todos los eslabones de la cadena alimentaria: normalización.

En los hogares y venta minorista, esta pérdida supone un 17%, lo que supone de costes de producción de los alimentos un 38% (agua, tierra, fertilizantes, mano de obra, capital, etc.).

A nivel minorista y hogar, según el IFood Waste Repport de Naciones Unidas, tiramos un 45% de frutas y verduras, un 30% de pan y un 20% de lácteos.

En 2023, el INE, a través de su encuesta de Presupuestos Familiares, estimó para una familia de 2 adultos, un gasto medio en la cesta de la compra de 5050 €.

La estimación que Food for Throught hizo para 2023, es que cada español responsable, tira un 10% de la compra (500€). Estos datos se pueden aumentar hasta un 50% (2.500€ al año) en hogares de 2 personas. Este desperdicio se ve ostensiblemente disminuido en familias numerosas.

Datos internos españoles (MAPA) dicen que en 2022 los españoles tiramos a la basura 1.200 kg de alimentos y bebidas, un 78% de ellos, por haber superado la fecha de caducidad.

El vertido y eliminación incontrolado supone además gastos adicionales como la proliferación de insectos (molestos para humanos y animales de sangre caliente), la generación de gases de efecto invernadero, y la posible afectación de la seguridad/salubridad de los alimentos que se producen próximos a esos vertidos.

Los particulares, en los hogares y las organizaciones pueden contribuir de forma muy efectiva, si bien son las empresas productoras las que pueden hacer mucho para reducir el desperdicio alimentario hasta el punto de venta al consumidor final.

Varios Organizaciones Internacionales han establecido normas y protocolos tendentes a evitar este desperdicio, entre ellas podemos citar alguno. Global Gap, ASC Acuaculture, LEAF MARKET, MSC para productos marinos, ISO, etc. La aplicación de alguna de estas normas por las industrias alimentarias ha incidido muy positivamente en la reducción del desperdicio.

Qué paradoja de mundo, planeta, conviven las hambrunas más terribles, con las actuaciones más deleznables en uso/consumo de alimentos.

No puedo menos que hacer una corta reflexión sobre los que supuso en el ámbito alimentario las obligaciones de marcado de fechas de caducidad y de consumo preferente. La fecha de consumo preferente no significa que haya que tirar el alimento una vez superada la fecha, se puede consumir aunque conlleve alguna pérdida en las características organolépticas, (color, sabor, olor) ¿Alguien aplica características organolépticas, color, a una buena costilla de vacuno que hace un mes perdió el color carne?. Si es un buen gourmet, seguro que no.

En cuanto a la fecha de caducidad, es una garantía del fabricante/productor de que su producto en ese tiempo está en perfectas condiciones de consumo. Suelen ser fechas de plazo más o menos corto, que han sido recortadas por el fabricante en virtud de sus estudios de vida útil.

Un yogur (leche tratada térmicamente y fermentada se puede consumir bastantes días caducado, el único problema es que el equilibrio de las bacterias fermentadoras (un lactobacilus y un estreptococo) se altera, sin repercusión en su consumo.

Todavía hoy no he conseguido que mis hijos (rondando los 40) no tiren a la basura el yogur que caducó ayer.

Debemos reflexionar sobre nuestro comportamiento alimentario, no podemos ser millonarios alimentarios siempre, además de las colaboraciones esporádicas (bancos de alimentos, recogidas, proveedores…) debemos ser conscientes de nuestro equilibrio alimentario, compra igual a consumo. Con ello podemos contribuir a un mayor reparto.

Por parte de la industria alimentaria tenemos una figura en auge, y que tan buenos resultados está dando en los sectores más desfavorecidos, la Responsabilidad Social Corporativa. No se regala lo que sobra, se dona parte de la producción, la misma que nosotros consumimos en nuestros hogares.

No podemos olvidarnos de las grandes ofertas de moda en la gran distribución, “compre tres y pague dos”, “la segunda unidad al 50%”…, posiblemente parte de esas ofertas son las que encontramos en el cubo de la basura.

Comprar más a menudo, que compras semanales incide positivamente en la reducción del desperdicio, y paralelamente potencia el comercio local de proximidad.

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