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¿Epigenética en el mundo universitario?

La educación universitaria se enfrenta a amenazas que pueden afectar su futuro a medio plazo, generando numerosas incertidumbres sobre las que no se vislumbra ningún escenario claro. Los recortes financieros en las universidades públicas y las dificultades económicas de algunas privadas, la “tele-formación acelerada por la pandemia COVID” y la inteligencia artificial pueden poner al borde del abismo a un sistema de enseñanza superior que ha tenido un elevado crecimiento  en los últimos 90 años, y que ha pasado de impartirse en unas pocas universidades de élite y solo para un grupo muy reducido de la población, a un conjunto de universidades públicas y privadas que se han expandido por todo el mundo y que cuentan con gran número de estudiantes.

Atrás queda la primera universidad de la que se tienen registros en el 427 a.C.  en Nalanda (India), o la fundada por Confucio en China en el año 200 d. C. , su expansión a Occidente llega a Marruecos en el año 869 d. C. con el establecimiento de la Universidad de Al-Qarawiyyin en Fez, saltando a nuestro continente en el año 1088 con la fundación de la Universidad de Bolonia.

A final del siglo XIX en Europa podría haber entorno a los 80.000 estudiantes universitarios, y unos 49.000 en Estados Unidos, lo que suponía alrededor del 1% de la población mundial cifrada entonces en 1.000 millones. En 1930 ya contábamos con 650.000 universitarios en Europa y se superaban los 1,1 millones en Estados Unidos. En 2023 a nivel mundial se cifra en 264 millones el número de universitarios (3,52% de una población mundial de 7.500 millones), de los cuales China aporta 45 millones. Un colectivo donde prácticamente, y salvo excepciones, el 50% de los estudiantes que acaban secundaria se matriculan en estudios universitarios, siendo un 53% mujeres.

El número de estudiantes se ha duplicado desde el año 2000, y más de 7 millones de estudiantes se desplazan a universidades de otros países. Una forma de medir y comparar entre países se hace mediante el uso del “ratio de matriculación bruto” del inglés “gross enrolment ratio (GER)” referido a la población en edad universitaria que se matrícula en estudios superiores. En Europa Occidental y Norte América hemos pasado de un GER del 61% en el año 2000 a un 80% en 2024, muy lejos de GER del 9% en 2021 en la África Sub-Sahariana.

El entorno geopolítico y económico está cambiando rápidamente el tejido universitario; Reino Unido desde su salida del entorno de la UE sufre una caída continua en el número de estudiantes que cursan estudios en ese territorio, generándose problemas financieros en universidades que hasta ese momento contaban con elevados estudiantes del entorno europeo.

Los inputs de movilidad van ligados a las inversiones públicas realizadas en el sistema de formación universitaria, Estados Unidos tiene en la actualidad unos 20 millones de estudiantes universitarios, de los cuales 1,1 millón provienen de otros países, dato que contrasta con la India que tiene 43 millones de universitarios y solo 46.000 son de fuera de la India.

La movilidad también se está ya viendo afectada por las políticas inmigratorias de algunos países como Reino Unido, Canadá, Australia y Estados Unidos, este último en el año 2000 era destino del 26% de todos los estudiantes internacionales, hoy lo es solo del 16%. Universidades de Corea del Sur e incluso de China están siendo cada día más atrayentes para la movilidad internacional de los estudiantes. Estos dos países, junto a otros países africanos emergentes tienen políticas dirigidas a evitar a toda costa la fuga de cerebros.

Existe una realidad incontestable del modelo de tasas universitarias y es que no cubren los gastos reales de las universidades públicas lo que conlleva importantes restricciones presupuestarias que afectan a inversiones en infraestructuras y tecnología, resta capacidad competitiva a los grupos de investigación y provoca estrangulamientos salariales a su personal. En Estados Unidos, el 68% del profesorado universitario ya trabaja a jornada parcial, en España el número de profesores asociados que en breve se llamarán sustitutos crece en las universidades públicas, y los contratos por horas aumentan en la privada.  

Algunas universidades en un intento de mejorar la empleabilidad de sus titulaciones están incorporando en sus planes de estudio asignaturas curriculares relacionadas con la formación profesional, algo que es criticado bajo otras visiones que ven en estas decisiones no una oportunidad, sino una pérdida de los valores de la formación universitaria. Estos cambios empiezan a ganar peso, buscando otra forma de hacer “universidad” en lo que se viene a llamar “aprendiendo mediante la práctica” del término “learn by doing”, un sistema que ha inspirado al Nuevo Modelo del Instituto para la Tecnología y la Ingeniería (NMITE), https://nmite.ac.uk/, localizado en Hereford (Inglaterra), y que tiene su origen en reflexiones tales como: que muchos de los graduados actuales trabajan en empleos que no se ajustan a su cualificación o que incluso no requieren titulación de grado, no persiguen la internacionalización, y quieren trabajar con currículos profesionales co-diseñados con la industria y dirigidos a las prioridades de los cambios a nivel global. Su objetivo no es enseñar en un marco tradicional de grados, donde entienden que el estudiante que desea ese sistema ya tiene muchas universidades donde elegir.

En países con alto nivel de formación universitaria es cada día más necesario disponer de grados y másteres para poder disponer de un empleo, pero se corre el riesgo de que la educación universitaria se pueda convertir en un callejón sin salida, que deje de ofrecer oportunidades de progreso a los estudiantes y a la sociedad.

Las universidades ponen cada día más énfasis en disciplinas relacionadas con la ciencia, tecnología, ingeniería, y matemáticas, materias que se han convertido en las células madre de la universidad (STEM).

Estas nuevas tendencias, STEM (https://science-teaching.org/es/educacion-stem), que nacen para buscar las mejoras prácticas de educación escolar y que continúan con los modelos a nivel universitario (NMITE), incluyen muchas de las competencias transversales de gran número de titulaciones universitarias que abordan conocimientos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, preparando a los alumnos a lo largo de toda la formación secundaria y universitaria, facilitando la integración en equipos de trabajo e instaurando una arquitectura de pensamiento crítico.

Es del todo probable que en los próximos años veamos importantes cambios en los sistemas de formación a todos los niveles, con nuevos modelos emergentes y reemergentes, motivados por nuevos sistemas de enseñanza y quizás de aprendizaje, adaptativos a las necesidades sociales e inducidos por los cambios tecnológicos que vendrán marcados por notables avances en la ingeniería, robótica, inteligencia artificial, ciencias biomédicas, agronomía y por el cambio climático.

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