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… Y VAN 15

No hace mucho tuvimos la noticia de que una nueva Universidad aspira a ofertar estudios de Veterinaria en España, se trata de la Universidad Católica de Murcia (UCAM), en el curso próximo, y si no es posible en el siguiente.

Si la Agencia de Calidad y Acreditación (ANECA) le ha dado el visto bueno quiere decir que, desde el punto de vista académico: respeto a las normas, recursos materiales y humanos suficientes, esa Universidad y el Centro propuesto están preparados para impartir los estudios, con lo cual la Comunidad Autónoma tiene poco que decir, salvo dar el plácet, porque el Gobierno Regional (este o cualquier otro) no quiere tener problemas con la sociedad a la que representa, por ello cuanto mayor sea la oferta de plazas mayores posibilidades tienen los estudiantes de entrar a cursar la carrera que desean, en nuestro caso Veterinaria.

Aquí quiero hacer un inciso, Veterinaria es una carrera vocacional de Ciencias de la Salud, y por ende muy demandada, las notas de corte son altas, por lo que el mérito para llegar a un centro público tiene que ser elevado, traducido en una nota de corte de 11 sobre 14 más o menos. Los estudiantes que no consiguen sacar esa nota tienen que ir a centros privados (la UCAM, en un futuro, aspira a ser uno de ellos), en los que el mérito es tener la suficiente cantidad de dinero que te permita cursar la titulación, aquí se trunca el principio de igualdad, mérito y capacidad que debe de regir en todos estos procesos.

Veterinaria en España abrió su primer centro en 1793, en concreto la Escuela de Madrid, hoy Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense, siendo el tercer centro en abrir sus puertas a nivel mundial, tras Lyon y Hannover. Algo más de 50 años más tarde abrieron 3 centros que se constituyeron como “Secciones Delegadas” del anterior: Córdoba (1847), Zaragoza (1847) y León (1852). Estos 4 centros fueron creciendo y siendo los únicos que impartían los estudios hasta los años 80 del siglo XX, en ese momento la carrera vivía un momento muy exitoso, con centros muy masificados, entraban todos los años entre 500 y 1.000 estudiantes por centro, unos 3.500 en total, las plantillas de profesorado eran escasas y mal pagadas, los recursos prácticamente inexistentes, las clases prácticas en una carrera de estas características brillaban por su ausencia.

Es por todo ello, y con el fin de repartir mejor al alumnado, que se abren una serie de centros en universidades públicas: Universidad de Murcia (1982), Universidad de Extremadura – Cáceres (1982), Universidad de Santiago de Compostela- Lugo (1983), Universidad de la Laguna (1986) aunque posteriormente se adscribe a la recién creada Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (1989) y Universidad Autónoma de Barcelona (1988)

Esos 9 centros podrían mantener perfectamente el equilibrio oferta/demanda y hacer que el mercado profesional no se desestabilizara, además contribuyeron a rebajar la presión del estudiantado en los 4 centros clásicos, un ejemplo de ello, la Universidad Complutense de Madrid pasó de admitir 1.000 estudiantes en Veterinaria a poco más de 300 en solo 2 ó 3 años.

 Posteriormente se pasó a abrir centros privados, lo que supuso una rara avis en Europa, y así las universidades: CEU-Cardenal Herrera de Valencia, Alfonso X El Sabio de Madrid, San Vicente de Valencia y Europea de Madrid abrieron sus puertas en los últimos 20 años, todas ellas privadas. Asimismo, también abrió sus puertas la Universidad de Lleida, pública, en este caso hubo un rechazo generalizado encabezado por la Conferencia de Decanos y Decanas de Veterinaria, a la que se sumó el Consejo General de Colegios Veterinarios y los Colegios Provinciales.

Había bastantes “amenazas” de nuevas facultades, que se frenaron en gran medida. Sin embargo, pasado un tiempo vuelven las universidades a presentar sus proyectos a ANECA, que da su visto bueno, las comunidades autónomas, a su vez, y como si de un trámite se tratara, también dan su beneplácito.

Y así, llegamos a la situación actual con 15 facultades, muchas más que en países europeos como Francia que tiene 4, o Alemania con 5, o los países escandinavos con 1 cada uno, etc.

Esas 15 facultades van a graduar como poco unos 1.600 – 1.700 estudiantes cada año, cuando el mercado puede absorber unos 800 – 900, el resultado es un superávit de graduados que están condenados al paro o a precarizar, todavía más, la profesión. Tengamos en cuenta que se trata de una profesión sometida a una estricta regulación europea.

Y, ¿cuál es la solución?, desde luego hay que regular el mercado, lo que en una situación como esta en la que solo se atiende al aspecto académico, es muy complicado. A la Agencia (ANECA) se le presentan proyectos a los que, si cumplen los requisitos exigidos académicamente, se les da el visto bueno, otra cuestión es que las universidades públicas estén preocupadas por el aspecto profesional y tiendan a mantener una regulación del mercado por la vía de la oferta, y las universidades privadas, como empresa que son, buscan maximizar el beneficio, de ahí que oferten el mayor número de plazas dentro de sus posibilidades sin importarles la profesión.

Solo hay dos soluciones, la solución “italiana” o la “francesa”.

La solución francesa consistiría en limitar por el lado de la oferta el número de centros, lo que conllevaría el cierre de al menos 6 ó 7 facultades, lo cual se antoja inviable.

Por tanto nos quedaría la solución italiana consistente en tener todos los centros que, en principio, queramos pero limitando la demanda, es decir, como máximo para todo el Estado va a haber un número X de plazas, y los estudiantes pueden elegir el centro de acuerdo a su mérito, es decir, a la nota que hubieran sacado en el examen de Estado por ejemplo, en este caso algún centro, sobre todo privado, tendría tan pocos estudiantes que tendría dos opciones para ser viable con todos los condicionantes requeridos: Elevar mucho el precio de las matrículas o cerrar.

Para que podamos llegar a lograr esto las comunidades autónomas tendrían que ponerse de acuerdo y ceder, lo que creemos que es inviable.

Y, una vez dicho todo esto, somos bastante pesimistas respecto a lo que va a pasar con la futura Facultad de Veterinaria de la UCAM, y aquí echamos en falta la protesta “a nivel nacional” de la Conferencia de Decanas y Decanos de Veterinaria de España y de la organización colegial (con la Europea tampoco se movilizaron), más allá de declaraciones en medios con escasa repercusión.

Antonio Rouco Yáñez

2 comentarios

  1. Cristina Castillo

    Completamente de acuerdo contigo. Cuantas más universidades, más veterinarios en el mercado y peores condiciones salariales. A ello unimos que la mayoría se están «especializando en pequeños animales» dejando el sector agropecuario y alimentario completamente vacío.
    Eso es algo que nos lo tenemos que hacer mirar profundamente haciendo autocrítica.
    Muy bien puesto el dedo en la llaga. Enhorabuena.

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