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BIENESTAR ANIMAL: ESTEREOTIPO SOCIAL O CIENCIA

Los animales no han formado parte hasta hace bien poco del ordenamiento jurídico desde la perspectiva del bienestar animal, y cuando han hecho ha sido bajo el paraguas normativo del Derecho Ambiental en un intento de proteger la biodiversidad en todo su conjunto. En nuestro país, España, el Diccionario de la Administración Española (Martínez Alcubilla, M. 1820-1900), cita la Real Orden Real orden de 29 de julio de 1883 que ordenaba a los maestros inculcar a los niños sentimientos de benevolencia y protección de los animales, así como la Ordenanza de Madrid de 12 de mayo de 1892, en cuyo artículo 77 se prohibía todo acto violento que ocasione sufrimiento a los animales. El lector habrá notado que no hemos pronunciado ninguna palabra relacionada con los animales de granja, y estas normas jurídicas prístinas tenían como objetivo los animales de compañía.

Hace unos días me levantaba con la noticia de un Eurobarómetro realizada por Kantar Public para la Comisión Europea, sobre bienestar en animales de granja, y entre sus resultados indica que una gran mayoría de los ciudadanos europeos (84%) cree que el bienestar de los animales de granja debe protegerse mejor en su país de lo que ocurre en la actualidad y  más del 90% considera que las prácticas ganaderas y de cría deben cumplir unos requisitos éticos básicos, como ofrecer a los animales un espacio suficiente, los alimentos y el agua que necesitan, unos entornos físicos adaptados a sus necesidades y garantizar que reciben un tratamiento adecuado. En relación a los mataderos, el 88% de los europeos pide un  incremento de controles oficiales o el uso de videocámaras, y un 89% se muestra a favor de prohibir el corte de determinadas partes del cuerpo de los animales (rabos, colmillos, orejas, picos, etc.), salvo que sea estrictamente necesario, y hacerlo con anestesia. Tras su lectura, por un momento pensé lo mal que lo estamos haciendo si no sabemos transmitir a la sociedad que muchas de estas prácticas que ahora exigen no son nuevas, se hacen desde la década de los 90 del siglo pasado, y  la profesión veterinaria es garantista de que estas actuaciones  de respecto por el bienestar de los animales de granja se cumplen.

Somos conocedores de que el bienestar de los animales de granja pasa por evitar que padezcan miedo, dolor o estrés, y que en todo momento tengan cubiertas sus necesidades y requerimientos físicos y de comportamiento, y que para alcanzar estos objetivos es necesario basarnos en los mejores conocimientos disponibles sobre su biología y etología, junto a las determinantes ecológicas propias de su especie, pero sin caer en estereotipos carentes de ciencia que obedecen a corrientes sociales interesadas que buscan una criminalización del sector cárnico y arengan a la sociedad a que culpabilice a los productores de carne  basándose en sensibilidades y no en una toma de decisiones basada en las evidencias científicas que faciliten para los animales de granja espacios y sistemas de manejo que propicien estados emocionales positivos y contribuir a su calidad de vida hasta el final de su ciclo.

Los veterinarios/as debemos ser proactivos en el establecimiento de protocolos científicos de bienestar animal que contemplen las esferas físicas y anímicas, que sirvan de base a un proceso de mejora continua en las practicas ganaderas en sus sistemas de alojamiento, transporte y sacrificio, garantizando a la sociedad que se respetan los derechos de  los animales de granja, pero plantando cara al populismo que usa el bienestar animal de forma partidista, injustificada y generando estereotipos sociales absolutamente alejados de la ciencia. El bienestar animal forma parte de la producción animal y la sociedad debe de conocer cómo se cuida a los animales de granja, ya que además de ser una imagen de la responsabilidad social corporativa del sector productor, es una obligación de nuestro compromiso profesional veterinario con la propia sociedad, con los ganaderos/as y con los propios animales a los que nos debemos.  

Nuestro mundo apuesta por una mayor concienciación social sobre las necesidades de los animales y un rechazo hacia abusos que se consideran intolerables, no justificados ni moral ni económicamente, y como indica el profesor Marchena Rodriguez de la UCA, “los animales están a nuestra disposición pero no a nuestras perversiones, ya que nuestra conducta hacia los animales, es en gran parte termómetro de nuestra conducta a nuestros semejantes y a la propia naturaleza que tanto maltratamos”. 

Emilio María Dolores Pedrero

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