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EL PAPEL DE LAS ACADEMIAS HOY

Academia (del latín academia, y este a su vez del griego akademía) es un término que identifica a diversas instituciones culturales o educativas. El Diccionario de la lengua española la define como sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública y como establecimiento docente, público o privado, de carácter profesional, artístico, técnico, o simplemente práctico, además de identificar el término con la reunión de sus componentes (los académicos) y con el edificio que la aloja.

Las Reales Academias, surgidas del espíritu de la Ilustración y amparadas por la Corona, empezaron a constituirse en España en el siglo XVIII como centros de cultivo del saber y de difusión del conocimiento. Han sido y siguen siendo las entidades que representan la excelencia en los diversos campos de las ciencias, las artes y las humanidades. Sus valores esenciales son, por un lado, la categoría de sus miembros, en quienes concurren los más altos méritos intelectuales y científicos, y por otro, su estabilidad e independencia frente a intereses económicos o políticos. Por orden de antigüedad forman parte del Instituto de España las siguientes corporaciones: Real Academia Española; Real Academia de la Historia; Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; Real Academia Nacional de Medicina; Real Academia de Jurisprudencia y Legislación; Real Academia Nacional de Farmacia; y Real Academia de Ingeniería.

A partir de la Edad Contemporánea, el término “academia”, se usa, genéricamente, como sinónimo de “mundo intelectual”, sobre todo para referirse al universitario (que vuelve a ocupar un lugar central en la ciencia y la cultura); aunque también al artístico.

En términos más específicos, designa a las sociedades científicas, literarias o artísticas establecidas con patrocinio o mecenazgo privado o público. El papel de las academias como instituciones es el fomento de una actividad cultural (literatura, lengua, música, danza) o científica (promoción de una ciencia o alguna especialidad determinada). En algunos países, se da el nombre de academia a instituciones educativas de muy distinto nivel (desde la enseñanza secundaria hasta diversas enseñanzas técnicas, incluyendo las academias militares). El término “académico” aplicado a personas, en cambio, suele reservarse para los seleccionados para formar parte de instituciones de élite (en Francia las cinco academias del Instituto de Francia, en España las ocho Reales Academias, en Inglaterra la Royal Academy y la British Academy, en la antigua URSS la Academia de las Ciencias de la Unión Soviética, etc.).​

El Estado de las Autonomías ha dado lugar a que, además de las Academias Regionales consolidadas como San Luis de Zaragoza (de 1792, este año cumple 229 años), hayan nacido otras de tal forma que hay más de medio centenar adheridas al Instituto de España, órgano coordinador sin merma de su autonomía, y otras muchas como la nuestra, Academia de Ciencias Veterinarias de la Región de Murcia que, estando ya creada, todavía no pertenece al Instituto de España, aspirando a formar parte de él en un futuro no muy lejano.

Son corporaciones de Derecho Público, reducto de libertad y plataforma para la búsqueda de la verdad en el saber y el conocimiento, con un debate incondicional que no se somete a otras reglas que la cortesía académica. Por la Constitución Española de 1978 las Academias gozan del patrocinio del Rey de España. En consecuencia, las reales academias, que se hallan bajo el alto patronazgo de su majestad el Rey, tal como establece el artículo 62.j) de la Constitución, son centros de pensamiento, de cultura y de investigación avanzada, libre y sosegada, que intentan aportar luz sobre los complejos problemas de nuestro tiempo.

Puntos de reunión, lugares de tertulia, espacios para charlar y tomarse un café con los pares y tener conversaciones de elevado nivel intelectual, de esta manera se conformaron los orígenes de las reales academias, organizaciones centenarias que para muchos suponen los principales órganos de expresión de las ciencias en España. Pero según algunas opiniones los más de 250 años que han transcurrido desde su creación han pasado factura a estas instituciones, tan centenarias como necesitadas de un lavado de cara para afrontar el siglo XXI como organizaciones científicas que le puedan aportar valor a la sociedad.

El problema fundamental es cómo adaptar la misión de las reales academias y academias a un mundo cambiante como este. En siglos pasados eran foros científicos de primera magnitud, una red social de un grupo muy reducido que tenía el conocimiento. Pero ese mundo ya no existe, por mucho que su objetivo último esté más vigente que antes. Es verdad que ha aumentado la capacidad de difusión del conocimiento. El problema es: ¿De quién se fía la sociedad para entender lo que existe? Ahí es donde, por su independencia, la academia juega un papel muy superior a cualquier otro tipo de organización.

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