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¿Es necesaria la experimentación animal?

Los primeros pobladores ya estudiaban el ordenamiento de las vísceras de los animales cazados e incluso lo representaban en las pinturas rupestres (Cueva de Pindal en Cantabria o canguros en Australia). Si nos remontamos a las antiguas civilizaciones, en Mesopotamia y Aristóteles en Grecia, se diseccionaban animales muertos, en Alejandría, (siglo III a.d.C.), se realizaban estudios en animales vivos y muertos, así como Galeno en el siglo II d.C. Durante la Edad media son pocos los avances y durante el Renacimiento se vuelve a retomar la Experimentación Animal (EA), especialmente en estudios de fisiología. La EA tal y como la conocemos actualmente inicia su andadura en el siglo XVI con Vesalius y posteriormente con William Harvey, que empleó numerosas especies animales para estudiar y demostrar la circulación sanguínea. Descartes en su obra magna, El discurso del método, asegura que los animales no tienen inteligencia y no manifiestan dolor como lo harían las personas, por lo que su uso no tiene por qué limitarse. A pesar de ello, muchos de los “investigadores” de su época no estaban de acuerdo con tales aseveraciones. Es con Claude Bernard cuando la Experimentación alcanza su mayor esplendor. Comienzan a conocerse los principios de la fisiología moderna, el mecanismo de las enfermedades, tanto en anímales como en personas, y no había estudio que se preciara que no tuviese en alguna de sus fases animales de experimentación, lo que permitió grandes e importantes avances de la ciencia; solo un pequeño apunte, de los Premios Nobel otorgados hasta la fecha en la sección de Fisiología, el 83,78% utilizaron animales de experimentación. De hecho, Emile Adolf von Behring, fue el primero en obtener este galardón en la citada sección en 1901, por haber desarrollado la vacuna contra la difteria, utilizando caballos como modelo animal.

Es bien conocido que muchos de los hallazgos realizados han sido consecuencia de la serendipia. Uno de los ejemplos más claros, fue el descubrimiento de la Penicilina por Alexander Fleming, cuando a la vuelta de un periodo vacacional encontró que sus cultivos bacterianos estaban muertos y cubiertos por un hongo, Penicillium notatum. Realizó numerosos estudios utilizando ratones de laboratorio, al objeto de verificar la eficacia de la sustancia aun no conocida. Si hubiese utilizado cobayas, es muy posible que hubiesen transcurrido muchos años más antes de poder sintetizar la Penicilina, pues es tóxica para estos animales. Unos años después, Howard Florey y Ernest Chain, también por casualidad, descubrieron realmente el principio activo y sus propiedades para combatir las infecciones, utilizando ratones infectados con estreptococos.  Otro ejemplo ilustrativo pero con resultados muy contrarios fue la talidomida administrada a las embarazadas que ocasionó importantes malformaciones congénitas en los niños nacidos de esas madres. La causa fue que no se realizaron las pruebas clínicas en humanos y en los animales demostraron que era prácticamente seguro salvo en el caso de los conejos donde aparecieron importantes alteraciones, pero fue obviado en los resultados finales. ¿Qué conclusiones sacamos de estos ejemplos? La extrapolación de datos de una especie a otra es realmente una aventura muy arriesgada.

¿Eliminamos totalmente la experimentación animal y pasamos a realizarla en los humanos? Ya se viene haciendo desde antiguo y no hace demasiados años se utilizaban las “razas inferiores” y grupos desprotegidos como “animales” de experimentación. El caso más llamativo fue el estudio de la sífilis en poblaciones negras en Alabama, que podrían haberse curado fácilmente con la penicilina, pero dejaron que la enfermedad siguiera su evolución. La sociedad empezó a preocuparse al salir a la luz las experimentaciones en humanos realizadas por japoneses y alemanes en el transcurso de la segunda Guerra Mundial. Durante el desarrollo de los Juicios de Nuremberg, el tribunal redactó el Código de conducta para experimentación con seres humanos, donde indica explícitamente la necesidad de un consentimiento informado de la persona y que la experimentación debe proyectarse y basarse sobre los resultados de una EA previa. No pueden aplicarse directamente en el hombre y los animales muchos de los resultados sin haberse probado anteriormente en una especie animal de escalas inferiores. Además hay que evaluar que repercusión pueden tener en el medio ambiente. Se deben constatar, tanto en calidad como en cantidad los nuevos descubrimientos y comprobarlos en un número adecuado de seres vivos.

 La pandemia que nos afecta aun, el SARS-Cov-2 ¿cómo la hubiéramos superado sin la EA? ¿Dónde se han producido los primeros ensayos de las “nuevas vacunas” que se han desarrollado en un tiempo récor? La síntesis de nuevos productos farmacológicos necesita de un ensayo precursor en animales antes de su lanzamiento al mercado. Las nuevas enfermedades que están apareciendo y que afectan a la calidad de vida de las personas, por su reducción de movilidad, dolor, etc van siendo controladas gracias a la experimentación animal.

Por el momento es impensable estudios experimentales únicos en la especie humana. Estamos a la espera de alternativas al uso de animales de experimentación, pero mientras no se conviertan en realidad, la EA no es una opción, es la única, por ello debemos seguir trabajando para aplicar las 3Rs, pues el uso de animales en experimentación es un lujo y un privilegio por quien los utiliza, no debe ser realizado por cualquiera ni en cualquier sitio, debe ser autorizado por los organismos competentes, Comités y Órganos habilitados a tal efecto y exigiendo RESPONSABILIDAD a todos los que utilicen animales para sus estudios.

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